Sí, como lo estáis leyendo. Aunque parezca que lo de poner el Belén es una tradición hecha para niños, con sus figuritas y sus luces, hay algunos hombres que continúan colocándolo año tras año. Y la verdad, para una servidora que odia la Navidad, es sorprendente. Porque poner el Belén requiere un mínimo de creatividad, y también la fuerza de voluntad para recogerlo después. Y yo de eso, señores, ando un poco escasa.
Total. Que estas Navidades cuando os invite a tomar una copa en su casa y aceptéis, fijaros si tiene Belén. De ahí, podréis extraer muchas conclusiones. Que no os importe que quedéis para tomaros una copa y lo que surja y acabéis hablando de la posición del caganer, aunque así, en frío, os decepcione. Un tío con Belén es sinónimo de tradición, de rigurosidad, de apego a algo. De vosotras depende que cambie el apego al niño Jesús por vosotras.
Si la respuesta es afirmativa, entonces fijaros en la composición del susodicho. He aquí los diferentes tipos de nacimiento que nos podemos encontrar:
- El Belén de figuras de plástico y río de papel de plata. ¡Huid, hermanas! Es un cutre. ¿Mantener una tradición para coger el papel de plata del Día y marcarse un caminito de agua? Vosotras aspiráis a más que eso.
- El Belén hecho con figuras coleccionables de la revista Pronto. Si lo anterior pintaba mal... esto pinta peor que la tormenta del Arca de Noé. ¿Estáis seguras que queréis proceder? Bueno, lo positivo es que es un hombre constante: cada semana va al kiosko a comprar la siguiente figura. Visto así, quizá no esté tan mal.
- El Belén con cascada de agua y molsa verdadera. ¡Pues claro que sí! ¡Vosotras os merecéis eso y más! Si el nacimiento tiene suministro eléctrico significa que el chico es apañao. Y si es apañao y sabe instalar la electricidad, imaginaros cuantas luces os puede encender el muchacho... ¡UNA CENTRAL ENTERA! Sin duda, si vais a su casa y el Belén es auténtico y con movimiento... habéis encontrado una joyita.
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